
La foto tiene un carácter obsesivo, caracterial, estático y narcisista. Es una actividad solitaria. La imagen fotográfica es discontinua, puntual, imprevisible e irreparable, como el estado de cosas en un momento dado. Cada retoque, cada «pentimento», cada puesta en escena adquiere un carácter abominablemente estético. La soledad del sujeto fotográfico, en el espacio y el tiempo, está correlacionada con la soledad del objeto y con su silencio caracterial.
El objeto debe ser fijado, mirado intensamente e inmovilizado por la mirada. No es él el que debe posar, es el operador quien debe retener su propia respiración para hacer el vacío en el tiempo y en el cuerpo. Pero debe retener la respiración también mentalmente y no pensar en nada, a fin de que la superficie mental esté tan virgen como la película. No se debe considerar ya un ser representativo, sino un objeto que trabaja en el interior de su propio ciclo, sin tener para nada en cuenta la puesta en escena, en una especie de circunscripción delirante de sí y del objeto. Aquí hay un encantamiento que se puede también encontrar en el juego —el de superar la propia imagen y consignarnos a una especie de feliz fatalidad—. Jugando somos nosotros pero al mismo tiempo no somos nosotros. Así se crea el vacío dentro y en torno a sí mismo, en una especie de clausura iniciática. No nos proyectamos ya en una imagen —se produce el mundo como suceso singular, sin comentarios—.
La foto no es una imagen en tiempo real. Conserva el momento del negativo, el suspense del negativo. Es este ligero desplazamiento el que permite a la imagen existir en cuanto tal, como ilusión diferente al mundo real. Es este ligero desplazamiento el que le da la fascinación discreta de una vida anterior, cosa que no tienen las imágenes numéricas o vídeos que se desarrollan en tiempo real. En las imágenes de síntesis lo real ha desaparecido ya. Y, por este motivo, no son ya imágenes en sentido propio.
La fotografía es de Paul Schiek, podemos ver mas de su trabajo en BOOOOOOOM.
El objeto debe ser fijado, mirado intensamente e inmovilizado por la mirada. No es él el que debe posar, es el operador quien debe retener su propia respiración para hacer el vacío en el tiempo y en el cuerpo. Pero debe retener la respiración también mentalmente y no pensar en nada, a fin de que la superficie mental esté tan virgen como la película. No se debe considerar ya un ser representativo, sino un objeto que trabaja en el interior de su propio ciclo, sin tener para nada en cuenta la puesta en escena, en una especie de circunscripción delirante de sí y del objeto. Aquí hay un encantamiento que se puede también encontrar en el juego —el de superar la propia imagen y consignarnos a una especie de feliz fatalidad—. Jugando somos nosotros pero al mismo tiempo no somos nosotros. Así se crea el vacío dentro y en torno a sí mismo, en una especie de clausura iniciática. No nos proyectamos ya en una imagen —se produce el mundo como suceso singular, sin comentarios—.
La foto no es una imagen en tiempo real. Conserva el momento del negativo, el suspense del negativo. Es este ligero desplazamiento el que permite a la imagen existir en cuanto tal, como ilusión diferente al mundo real. Es este ligero desplazamiento el que le da la fascinación discreta de una vida anterior, cosa que no tienen las imágenes numéricas o vídeos que se desarrollan en tiempo real. En las imágenes de síntesis lo real ha desaparecido ya. Y, por este motivo, no son ya imágenes en sentido propio.
La fotografía es de Paul Schiek, podemos ver mas de su trabajo en BOOOOOOOM.
El texto es un fragmento de Jean Baudrillar, se puede leer completo aquí.
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